Usar aluminio para construir casi cualquier cosa es algo muy común en todo el mundo. Este material presenta varias ventajas como perdurabilidad y economía, por ello es ampliamente usado. Sin embargo, por ser un metal blando, es susceptible a los arañazos.

Por este motivo te explicaremos todo lo que es necesario hacer para mantener tus puertas de aluminio siempre impecables y libres de rayas.

Ventajas de usar el aluminio

Varias son las razones por las cuales se construyen cada día más y más puertas de este metal. Entre ellas se encuentran que son verdaderamente resistentes y por ello se garantiza que permanecerán en buenas condiciones durante muchos años. También son aptas para prácticamente todo tipo de clima y son de fácil mantenimiento.

Otra razón de su uso es que el aluminio es un material abundante en la corteza terrestre y por ello es común fabricar objetos con él. Ingenieros y arquitectos de todo el mundo prefieren usar este material en sus construcciones. Además se pueden lograr distintos tipos de acabados, como por ejemplo el aluminio pulido o cromado.

Al lograr un acabado cromado se logran ventajas estéticas similares a las que ofrece el acero. Esto contribuye a que los diseñadores tanto de interiores como de exteriores, elijan cada día más este material para sus trabajos.

Otra de las razones por las cuales este tipo de metal se utiliza con frecuencia es que es muy liviano. Esto facilita su proceso de moldeado y traslado, sin embargo también lo hace muy vulnerable a sufrir daños como rayas y arañazos.

Las rayas en las superficies

Las puertas son uno de los elementos que más se construyen en aluminio. Además de ofrecer todas las ventajas antes mencionadas, también ayudan a mantener los lugares seguros, porque son bastante resistentes.

Lo que ocurre con las puertas fabricadas con este tipo de metal es que cualquier roce les deja marcas o arañazos que resultan ser verdaderamente molestos y poco estéticos. La solución no es pintarla, porque se dañaría su superficie, el objetivo sería evitar que las marcas se produzcan sobre ella. Pero esto suele ser casi imposible, porque las puertas están siempre expuestas a múltiples situaciones y objetos que pueden dañarlas.

Por ello es muy importante conocer de qué manera se pueden eliminar de forma definitiva esas molestas rayas y arañazos. Para lograrlo existen diversos tipos de productos que pueden ayudar. Igualmente es muy importante llevar a cabo un correcto procedimiento de limpieza y pulido.

Lo que se necesita para eliminar los arañazos

En primer lugar, se necesita una lija, pero hay que tener precaución al momento de elegirla. No todas son iguales, se diferencian por el grosor del grano que poseen. Hay que asegurarse de escoger la correcta porque de no ser así, se puede empeorar mucho el problema.

Por ello, es importante que pruebes varios tipos de lijas. Lo más recomendable es que estas pruebas se hagan en pequeños espacios ocultos de la superficie. Esto, para constatar que la lija utilizada realmente no deje rayas ni ningún otro tipo de marcas. En todo caso, ño que recomendamos es utilizar lijas de bajo gramaje.

En segundo lugar requerimos de un paño. Lo más adecuado es que sea de algodón. Este paño de algodón debe ser suave, estar limpio y no debe soltar pelusas.

Seguidamente es importante contar con un producto especial para pulir superficies metálicas. Es recomendable constatar que sea adecuado, esto implica que en la etiqueta se aclare que es incoloro y no abrasivo. También es muy importante que sea anticorrosión y específicamente para el tipo de puerta que vamos a pulir. Muchas veces se diferencia entre ceras para uso interior o para usos en exteriores.

Por último, se va a necesitar jabón y agua para limpiar la superficie profundamente. Con estos productos se logra que las puertas queden realmente impecables.

Procedimiento para eliminar los arañazos

Para comenzar es necesario limpiar toda la superficie. Todavía no usaremos el agua, sencillamente nos limitaremos a sacar el polvo y a eliminar posibles manchas. Para esto vamos a usar el paño de algodón.

Una vez que nuestra puerta está limpia, tomamos la lija y muy suavemente comenzamos a pasarla sobre la superficie. Siempre debemos constatar que no estemos empeorando los arañazos. De ser así, tendremos que usar una lija más delgada. Una vez que se haya lijado toda la puerta, se pasa nueva mente el paño seco hasta que no quede nada de polvillo.

Para continuar, colocamos un poco de la cera para pulir sobre el paño y lo frotamos suavemente por toda la puerta. Es recomendable que los movimientos se hagan de forma circular y uniformemente de arriba hasta abajo. Esto evitará que puedan quedar cúmulos de cera o espacios sin encerar.

Una vez que se fije la cera, podemos lavar la puerta con agua y jabón. seguidamente de que se seque, comienza el proceso de pulido.

Puliendo las puertas de aluminio

Llegado a este punto, seguramente la puerta ya tiene mucho mejor aspecto. Sin embargo es posible que aún pueda observarse alguna que otra raya. Para solucionar esto, es importante pulir completamente la superficie.

Para hacerlo utilizaremos un paño de algodón seco. El proceso de pulido debe hacerse con detenimiento ya que de él depende que obtengamos el resultado deseado. Haciendo movimientos circulares y comenzando desde la parte superior de la puerta, vamos a pasar el paño con firmeza.

El proceso se repite al menos dos veces, esperando algunos minutos entre una y otra vez. Así se podrá constatar que el pulido haya quedado uniforme, sin vetas, manchas ni cera acumulada. Si seguimos los pasos adecuados, las rayas y arañazos se habrán eliminado y tendremos una puerta impecable.

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